Subi solo el Pochoco hasta un asiento secreto de meditación que tengo, cerca de la punta y lo que hice fue sacar fotos de las flores que abundan en esta época del año.
Aquí va una muestra.















Compartimos el placer del aire limpio, de las vistas amplias de las cumbres, del ejercicio sano, de la conversación franca y alegre, de la naturaleza y de la vida en los cerros















Un deleite, un regalo.
música a la distancia, que venía de la zona de la media luna, pues había cantidades de autos estacionados.
El cerro se nos hizo liviano, mucha conversa, música de fondo, flores y conversa sin parar.










Sentados ya con nuestros cafés en la cafetería de la bomba, llega Claudio Zamorano y más tarde Pancho.
Y así, se fue abriendo poco a poco, hasta tener al frente y arriba un glorioso día soleado. No saben las emociones que esta maravilla movilizó en nosotros. Incluso un par de cóndores salieron a disfrutar de las posibilidades de la buena vista y a transformar la escena en prácticamente voluptuosa.
estar vivos, viendo y sintiendo.
plácida en el contexto de animada conversa.
Se me pidió escribir este posteo y me pareció una gran oportunidad para expresarme en palabras.
Llegaron Pancho, Gabriel, Rebeca y Carmen Gloria , que venia llegando de estar tres semanas en Viena.
primeros calores de la temporada veraniega de los subecerro, por cierto tiempo que en lo personal no es el más rico para subir, solo lo mejora insuperablemente las metidas al agua que solemos tener en estas épocas.
lo representada que me sentía, había llegado a la fuente de mi estilo de vida.
mortalidad del cangrejo. Aquí las opiniones se dividieron absolutamente, los hombres por un lado, las mujeres por otro y mi opinión absolutamente complementaria de ambos lados.
Por que se demoraba tanto Pancho en llegar al punto de partida? pues, porque Gonzalo y Rodolfo habían aparecido y Pancho volvió a buscarlos.
Recordamos nuevamente a la Jeannie, que había sido la causante de que hubiéramos enfilado a estos destinos.
La vegetación, el bosque es una compañía impagable mientras subimos. Lo mismo la conversación y el buen humor.
Claudio echó mano de un bidón de agua que encontró por ahí y le sacamos un poco para lavarnos las manos y darle de beber al perro, que nos miraba sediento mientras tomábamos de nuestra botellas individuales.
ahora; las posibilidades de su sobrevivencia, escasas.