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domingo, 11 de noviembre de 2012

Club Ecuestre, vuelta completa

Subiendo por la Kennedy recibo un telefonazo de la Marisol, que me cuenta que a la altura del Mall del Deporte (ex), está cortado y hay miles de ciclistas. Después sabremos que hay carreras hasta Farellones y se esperaban 3.000 ciclistas.

Acordamos reunirnos en la Petrobras de Canta Gallo. Llamo a Pancho que ya está en el punto de encuentro y le digo las noticias. Esperará un rato por si llega alguien más y bajará a nuestro encuentro.

Paula, Dirk, Antonia, Marisol, Pancho
Dirk llamará también y lo pauteo. Al final seremos la Marisol Rozas, Antonia Staforelli, Paula Nordenflicht, Pancho, Dirk y yo, Gabriel.

En vista de los cierres de caminos, optamos por el Club Ecuestre de la Dehesa. Dejamos parte de los autos en el Portal de la Dehesa y seguimos en dos autos.

Pancho, Antonia, Paula, Gabriel, Dirk
Arrancamos cerro arriba por la calle de más a la izquierda. Hasta un cruce de tres caminos donde había unos ciclistas que nos sugirieron la huella de más a la derecha.
El cerro florido, con el pasto verde frondoso y alto como nunca. Manchones amarillo de flores. Paisaje hermoso, el canto de los pájaros abundante. Cielo completamente despejado.

un alto a contemplar un potrillo
close up a la escena
La Marisol contó un buen pedazo de su envidiable viaje a Europa, con escala en Suecia y llegando incluso hasta San Petersburgo. Contaba y nosotros escuchábamos, imaginando quizás las escenas que ella describía, mientras caminábamos.

La pendiente aumentó y el grupo se silenció. Suele pasar, cuando la pendiente es fuerte las energías se concentran en el esfuerzo del ascenso.

Antonia Staforelli
Antonia maravillada con este cactus con flores rojas
Llegamos a una cumbre después de una buena caminata sin parar y vimos el otro lado, siendo este para nuestra sorpresa, Santa Martina, muy cercana.
Paramos un rato a descansar, tomar agua, algunos se sentaron.

Las tres mujeres y un cactus
Dos psicólogas en el grupo y un coach, favoreció ciertos temas más profundos del alma, las parejas y la sexualidad humana. Conclusión, los formatos de parejas después de los 50 son cualquier cosa, que sea del acuerdo de la pareja y donde cada parte sienta que su ser puede ser y tiene el apoyo del otro para su crecimiento. Eso.

Pancho, Antonia y de pie Paula
Rodeamos el cerro por detrás en relación al Club Ecuestre, yendo hacia el oriente. En un punto el paisaje era tan hermoso, la vista tan fantástica que buscamos una buena sombra con esa vista e hicimos nuestra detención de cumbre. Comimos naranjas y frutos secos de la Antonia.
Pasó un tipo a caballo y nos dio las señas para retornar al Club Ecuestre, sin tener que devolvernos.

Paula y Marisol
Marisol trae a colación una invitación que hizo Javier Cox (javiercox76@gmail.com), subecerro y Director de América Solidaria, para una cena en la Casona de Las Condes, mañana lunes a las 19:30 con entradas a $13.000, de celebración de los 10 años de un lote de organizaciones solidarias. Si alguien quiere más antecedentes se puede comunicar conmigo o con Javier Cox.

hombre a caballo
Continuamos nuestro camino hasta encontrar el sendero de descenso, justo donde había un padre con su hijo, que nos dieron las últimas indicaciones.

El descenso fue pausado por la pendiente y lo resbaloso del terreno en ciertas partes, pero la conversación en dos grupos de tres, hizo que llegáramos al Club Ecuestre antes que los temas se hubieran completado.

Un grupo perfecto, una ruta perfecto, un día perfecto, una época del año perfecta. Hasta se me hizo corto.

descenso

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Saludos de la Mabel desde Rancagua

Nuestra querida amiga Mabel Ruidiaz que migró a Rancagua, nos manda saludos a los subecerros y envía fotos de un viaje que hicieron a Yosemite Park en EEUU, en que muestra que sigue subiendo cerros.

Sergio y Mabel
Mabel y Sergio, luego Felipe, hijo de la Mabel, con Denise su polola

lunes, 5 de noviembre de 2012

Dos amigos por las Varas

Solo dos amigos se encontraron en la Terpel ayer domingo, Pancho y yo, Gabriel.

Y, nos fuimos a Las Varas con la intención de hacer una ruta distinta, con mejor paisaje, según Pancho.

Vimos que donde están estacionados los autos antiguos, que alguien habilitó y está usando el Taller que hay ahí. Dejamos el auto poco más allá y tomamos la calle que sale a la derecha. Rápidamente nos encontramos con una puerta nueva, negra, bien cerrada, con alambre púa en las partes altas.
Oye Pancho, esta puerta es elocuente, dice "no pasar". No te preocupes, por acá, por el lado, hay un sendero. Dicho y hecho, en 30 segundos estábamos al otro lado de la puerta, tomando un camino por el que nunca había andado, que sale justo hacia la derecha.

Pancho en el anfiteatro
otra vista
Efectivamente la vegetación, los bosques de pino y las casas abundaban. Casas con varios perros, muchas veces policiales alemanes, que nos ladraban rabiosos a nuestro paso. Poco grato.

Llegamos a la cumbre más bien rápido y seguimos adelante hasta dar con el famoso anfiteatro del que tanto había oído hablar y que al verlo me pareció pequeño, pero excelentemente ubicado y bien hecho.
Me cuenta Pancho que en otra ocasión había un par de personas practicando alguna perorata en alemán con gran entusiasmo, con unos pocos amigos de espectadores. Osea, se usa y se hace teatro aquí.

subiendo a campo travieso; abajo la ciudad
Seguimos a unas antenas que están más arriba, donde Pancho comentó la mala calidad de las pinturas de estas que figuraban todas descascaradas, diciéndome que él, con su marca de pinturas Delfin, poseía calidades superiores. Y pelamos mal a los barateros que con tal de salir del paso compran lo más barato y reciben la paga por el trabajo realizado.

Pancho llegando a la cima
Al volver sobre nuestros pasos y llegar a un cruce, vemos a unos perros sueltos, los que por suerte se abalanzaron sobre los perros de una casa vecina y no contra nosotros.
Nos metimos por una especie de puerta abierta y de repente escuchamos a una mujer que gritaba, "hei, ustedes los de las poleras naranja y blanca" ... Retrocedimos y nos encontramos con  una pareja, dueña de los perros, que nos dijeron que andábamos por terrenos privados y nos preguntamos por donde habíamos entrado. El tipo me reconoció como del Pochoco y me dijo amistosamente que anduviéramos con cuidado por esos lugares, pues el hijo del sueño es medio loco y dispara y después pregunta.

en el punto final de la canaleta
Optamos finalmente por arrancar por una huella bien marcada que se descolgaba hacia el lado de la ciudad, bajando poco a poco hacia las casas. Y, a medio camino, nos tiramos a campo travieso cerro arriba a encontrar los senderos del otro lado de las casas, más hacia el sur. Subida escarpada, nos puso en tensión nuestro estado físico, pero llegamos arriba sin mayor problema.

en las torres de alta tensión
De ahí, poco más adelante, llegamos al tranque donde termina el canal que pasa por la ruta del Alto del Naranjo y seguimos un poco cerro arriba y después siempre bajando y cruzándonos con los ciclistas en abundancia.

empezando el descenso
Nos volvimos a encontrar con la pareja inicial con la que nos detuvimos a una cordial plática.

Una mañana soleada, primaveral, de buena conversación entre dos amigos. Impagable.

ya en el camino de bajada

sábado, 3 de noviembre de 2012

Solo a las Aguas de Ramón

Mañana domingo voy al cerro; 8:30 donde siempre.

El viernes me escapé solo a las Aguas de Ramón. Llegué y me llamó la atención que el estacionamiento estaba a punto de llenarse y había cola frente a una mesa donde se pagaba y uno se inscribía.

la cola en la entrada
Arremetí con fuerza cerro arriba, en esa primera parte que pasa un pequeño puente de madera, donde la pendiente es de franco acenso. Iba gente adelante y gente que me seguía. Eso me pone de inmediato en la dinámica de la competencia. Curioso no?

dos adelante
El pasto está frondoso y en partes tira a cerrar un poco el camino. Las lluvias y el sol son el santo remedio para todos los males de la vegetación de estos parajes.
Aparte de que estamos en primavera y las flores abundan.

el río abajo
El trayecto es bastante plano después del primer tramo, con pequeñas subidas y bajadas hasta llegar al lugar de descanso o picnic a orillas del río, con cascadas e instalación de baños públicos.

Mucha gente, la que noté más en la bajada, pues iba contra el transito, que en la subida, que iba a la par con la corriente del momento.

flores en la ruta
Seguí más allá de la zona de pic-nic anterior, subiendo hasta un bello mirador y poco más allá, el cruce del río; subí aguas arriba y me instalé en lo que se podría llamar una pequeña playa solitaria. Ahí descansé y tomé agua en abundancia de la que llevaba.

en el  sector de picnic
cartel en el sector de picnic
Le tomé un video al agua del estero en movimiento, que fue para mi un relajo contemplar.


La vuelta fue consciente del verdor y florido de la naturaleza, el abundante canto de pájaros, y los grupos de personas que venían en sentido contrario, con muchas parejas, familias y grupos de jóvenes. Mucha gente.

Llegué temprano a mi casa para ducharme y partir con mi mujer e hija a almorzar adonde Doña Tina al Arrayán. Excelente inicio de viernes.

hasta aquí llegué, hasta el cruce del río

lunes, 29 de octubre de 2012

Elegimos Las Varas Norte en día de elecciones.

Llegamos 4 al punto de encuentro, la Consuelo, Pancho, la Isabel y yo que escribo (Eugenio).

Todos pensamos en una caminata relativamente corta para bajar temprano y poder votar los que quisieran hacerlo, así es que decidimos democráticamente explorar un nuevo sendero a partir del ya bien conocido sector de Las Varas, por su cercanía. Nos fuimos en el auto de Pancho y estacionamos donde siempre, nos sorprendió ver una construcción de madera grande, posiblemente una bodega para guardar esa colección  de fierros y quizá también para evitar el deterioro de esos magníficos modelos de autos viejos.

Consuelo, Eugenio y la Isabel
Desde ese mismo lugar nos metimos hacia la derecha, pasando frente a varias casas con muchos perros buenos para ladrar que nos metieron harta bulla. Admirados de la cantidad de plantas que están floreciendo y también del verdor del suelo, que seguramente se ha visto favorecido con la abundante lluvia y nieve que cayó en la cordillera del domingo pasado.

Mientras caminamos recordamos la falta que hacen varios subecerros que han dejado de ir últimamente, en especial a Lucho Latorre, Pancho Valdivieso, Manena Fontova, las hermanas Fuentealba, Marisol Rosas y tantos otros y otras que formaron parte este año de las caminatas.

La mañana estaba de agradable temperatura sin embargo se anunciaban 28° de máxima y eso ya empezaba a notarse.

Pancho y atrás las damas
La variedad de flores y el verde nos recordaban paisajes de mucho mas al sur, seguimos avanzando por el sendero que conduce a una que otra casa hasta que vimos el anfiteatro de piedra que varios habían oído mencionar fue construido para presentar obras de teatro al aire libre y en idioma alemán. Vimos una familia que estaba usando una parte de la escalinata supusimos que para un pic-nic y seguimos subiendo donde conseguimos una linda vista de Santiago.

Algo tiene el ser humano que le resulta tan atractivo mirar desde lo alto, ¿serán vestigios de nuestros antepasados nómades que seguro se encaramarían a los cerros a avizorar rutas, a descubrir valles o a trazar en sus mentes los recorridos que harían?, es posible.

Nos quedamos largo rato mirando la ciudad y haciendo recuerdos de hasta donde llegaba tal o cual barrio cuando los conocimos o, en algunos casos los habitamos. Nos sorprendieron unas casas muy blancas un poco al poniente del puente San Enrique y al norte del río, que ninguno de nosotros había visto antes al lado de un edificio color rojo que parecía ser un colegio. Varios comentamos impresionados lo que ha crecido la ciudad en un proceso que parece cada vez mas acelerado, se va metiendo primero por los valles y después ya como rebalsando, va subiendo por los cerros.

Seguimos subiendo hasta que nos topamos con el portón cerrado que accede a una casa grande orientada hacia la cordillera, nos maravillamos imaginándonos lo que sería vivir en ese lugar, rodeado de ese paisaje sobrecogedor y del silencio de estos lindos cerros. Nos dimos cuenta que la casa -de adobe- había sufrido algunos daños, con el terremoto seguramente, pero se nota que está habitada por el estado del jardín y el entorno llenos plantas de flores blancas.

Pancho, Eugenio y la Consuelo
Entonces retrocedimos un poco y encontramos un lugar para descansar y compartir la tradicional colación subecerrística: las naranjas de Pancho que no fallan, las almendras y frutos secos. Nos instalamos en una pequeña ladera con vista al norte tapizada de unas flores moradas que sentíamos pisar,  en que se nos mostraba en primer plano el elegante loteo y cancha de golf de Valle Escondido y hacia la izquierda el resto de la ciudad. Según el gps de Pancho estábamos a 1.170 msnm, varios pájaros grandes, posiblemente peucos o tiuques giraban sostenidos por las corrientes de viento ascendentes. El cielo estaba precioso, con algunas nubes que le dan mayor atractivo, y el smog, lamentablemente aumentaba en forma considerable respecto a lo que habíamos visto solo un rato atrás.

Como a las 11 decidimos empezar a bajar pensando en la votación que se desarrollaba hoy y en la que algunos pensaban participar.

Pasando por el anfiteatro de piedra vimos que había otro auto, una Kleinbus Westfalia inconfundiblemente de familia alemana, y  dos hombres estaban ensayando unos parlamentos en alemán, con una pequeña escenografía y todo.

Bajando hablamos de las elecciones, de como ha cambiado también tan rápidamente todo lo relacionado con la participación ciudadana, que ahora con los cambios recientes de inscripción automática y voto voluntario las mesas son mixtas, cuestión que no se entiende por que no siempre fue así,  lo increíblemente reciente del derecho a voto de las mujeres y de ahí derivamos en que fue lo que gatilló la "liberación femenina" y concluimos que fue la aparición de "la  píldora" lo que marcó el cambio.

Sin darnos mucho cuenta llegamos al auto que nos esperaba bien caluroso pues ya el sol picaba fuerte. Nos fuimos conversando de que haría cada uno en fin de semana que viene que es de 4 días, casi todos tenían mas de una alternativa.

(Texto de Eugenio Lagos)

domingo, 21 de octubre de 2012

Al Pochoco

Llego al punto de encuentro a la hora. El pronóstico para el día es de lluvia, pero no llueve; está nublado, cerrado, frío.
Espero, y pasados 15 minutos asumo que no viene nadie, sabiendo que Pancho, un infaltable, está en Isla Negra y aprovecho de ir al Pochoco, un destino eludido por el grupo.

Pocos autos a esa hora en el estacionamiento del Pochoco. El cuidador habitual, no está y tampoco estará cuando llegue de vueltas. Será el día? me pregunto.

Parto detrás de tres tipos que pasado el paso por el túnel vegetal, donde está esta esa banqueta, sacó mi primera foto:


Poco más arriba saco esta foto, para mostrar el nivel de deterioro de la ruta, por el desgaste del paso de la gente:


Poco más arriba saco mi primera foto de flores, que serán un personaje presente todo el trayecto; el cerro en estos días está lleno de flores, de todos los colores.


Hay una parte que es como la peor parte del Pochoco; cuando termino de pasarla, me doy media vuelta y saco esta foto:


Llego a la primera cima y le saco esta foto al cartel que alguna vez puso aquí Ugo Ravera, que me parece está re-compuesto, ahora que ya él se fue, murió:


Sigo subiendo y de repente, en una apertura, se divisan entre la nube, el Mirador y la cumbre del Pochoco:


Luego, más flores:


Llego al Mirador, me tomo un descanso y al partir saco esta foto que ilustra el nivel en que la nube impide toda vista:


Al mismo tiempo, saco una foto de la vista cerro arriba:


Cuando llego al pasadizo que da vueltas al cerro, le saco una foto al sendero, que en esta parte es un descanso:


Y llegamos al .. como era que le llaman a este paso?


Más flores:


Paso el paso estrecho entre rocas y saco esta foto, ya en la carrera final a la cumbre:


Más flores:


Ya cerca de la cumbre, se abre una vista por sobre de la nube baja y puedo divisar las cumbres del Pochocón y Lomo de la Vaca:


Y más hacia el oriente, esta es la vista:


Y llego a la cumbre del Pochoco y esta es la vista; me cruzo con tres jóvenes, pero en la cumbre no habrá nadie todo el tiempo que estuve y me tomé para descansar:


Le saco una foto de la placa en homenaje a Ugo Ravera que hay en la cumbre:


Estoy sentado en la cumbre y vuelve a cerrarse toda la vista:


Bajo y en la bajada me topo con alguna cantidad de gente, no tanta, grupos, incluso algún conocido.

Faltó sacarme una foto a la cara, pues ya en el auto vi que estaba colorado por el esfuerzo. Parace que el hecho de ir solo, me puso en la dispsición de un mayor esfuerzo por lo que el ejercicio estuvo bueno, desde mi puntode vista.

Bien con haber ido solo, es otra experiencia, que valoro.

La última foto fue cuando ya llegaba a los autos de vuelta. Nunca llovió.