lunes, 5 de noviembre de 2012

Dos amigos por las Varas

Solo dos amigos se encontraron en la Terpel ayer domingo, Pancho y yo, Gabriel.

Y, nos fuimos a Las Varas con la intención de hacer una ruta distinta, con mejor paisaje, según Pancho.

Vimos que donde están estacionados los autos antiguos, que alguien habilitó y está usando el Taller que hay ahí. Dejamos el auto poco más allá y tomamos la calle que sale a la derecha. Rápidamente nos encontramos con una puerta nueva, negra, bien cerrada, con alambre púa en las partes altas.
Oye Pancho, esta puerta es elocuente, dice "no pasar". No te preocupes, por acá, por el lado, hay un sendero. Dicho y hecho, en 30 segundos estábamos al otro lado de la puerta, tomando un camino por el que nunca había andado, que sale justo hacia la derecha.

Pancho en el anfiteatro
otra vista
Efectivamente la vegetación, los bosques de pino y las casas abundaban. Casas con varios perros, muchas veces policiales alemanes, que nos ladraban rabiosos a nuestro paso. Poco grato.

Llegamos a la cumbre más bien rápido y seguimos adelante hasta dar con el famoso anfiteatro del que tanto había oído hablar y que al verlo me pareció pequeño, pero excelentemente ubicado y bien hecho.
Me cuenta Pancho que en otra ocasión había un par de personas practicando alguna perorata en alemán con gran entusiasmo, con unos pocos amigos de espectadores. Osea, se usa y se hace teatro aquí.

subiendo a campo travieso; abajo la ciudad
Seguimos a unas antenas que están más arriba, donde Pancho comentó la mala calidad de las pinturas de estas que figuraban todas descascaradas, diciéndome que él, con su marca de pinturas Delfin, poseía calidades superiores. Y pelamos mal a los barateros que con tal de salir del paso compran lo más barato y reciben la paga por el trabajo realizado.

Pancho llegando a la cima
Al volver sobre nuestros pasos y llegar a un cruce, vemos a unos perros sueltos, los que por suerte se abalanzaron sobre los perros de una casa vecina y no contra nosotros.
Nos metimos por una especie de puerta abierta y de repente escuchamos a una mujer que gritaba, "hei, ustedes los de las poleras naranja y blanca" ... Retrocedimos y nos encontramos con  una pareja, dueña de los perros, que nos dijeron que andábamos por terrenos privados y nos preguntamos por donde habíamos entrado. El tipo me reconoció como del Pochoco y me dijo amistosamente que anduviéramos con cuidado por esos lugares, pues el hijo del sueño es medio loco y dispara y después pregunta.

en el punto final de la canaleta
Optamos finalmente por arrancar por una huella bien marcada que se descolgaba hacia el lado de la ciudad, bajando poco a poco hacia las casas. Y, a medio camino, nos tiramos a campo travieso cerro arriba a encontrar los senderos del otro lado de las casas, más hacia el sur. Subida escarpada, nos puso en tensión nuestro estado físico, pero llegamos arriba sin mayor problema.

en las torres de alta tensión
De ahí, poco más adelante, llegamos al tranque donde termina el canal que pasa por la ruta del Alto del Naranjo y seguimos un poco cerro arriba y después siempre bajando y cruzándonos con los ciclistas en abundancia.

empezando el descenso
Nos volvimos a encontrar con la pareja inicial con la que nos detuvimos a una cordial plática.

Una mañana soleada, primaveral, de buena conversación entre dos amigos. Impagable.

ya en el camino de bajada

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