jueves, 25 de diciembre de 2014

P.V.E. al Pochoco con llovizna

Cuando llegué (Eugenio) estaba solo Pancho, en el camino pensé que por la neblina y llovizna quizá no llegaría nadie y tendría que volver a mi casa a inventar algo que hacer a esa hora, sin embargo estaba el siempre fiel Pancho y al poco rato apareció Víctor (P.V.E.).

Pancho y Eugenio
Un poco dudosos de si llegaría la lluvia, partimos en el auto de Pancho hacia el Manquehuito, sin embargo con solo acercarnos constatamos que estaba mucho mas cerrado y llovía francamente, entonces decidimos volver a los autos un poco decepcionados. Apreciamos que estaba levemente mejor hacia el cajón del Arrayán así que decidimos irnos al Pochoco, esta sería mi primera subida a este cerro resistido por muchos subecerros por lo resbaloso.

Pancho y Víctor
Aprovechamos el largo trayecto en auto para que Víctor nos contara de su reciente paseo a la patagonia donde recorrió lugares tan lindos como deshabitados y se nota que volvió con las pilas muy cargadas. Al escuchar su relato uno se pregunta por que no viajar mas si hay tanto por conocer y maravillarse de la naturaleza, en el caso de Víctor, como nos contó, el viaje fue organizado por un primo, que lo denominó "mistery tour" ya que todo fué sorpresa para los participantes.

vista de la niebla
En el Pochoco la visibilidad era muy poca y la neblina mojadora, así emprendimos la subida,  con la humedad se había apretado un poco el suelo. Pienso que las plantas deben agradecer mucho esa humedad en esta época del año.

pájaro
El primer tramo fue bastante silencioso porque la subida es pesada, mucha gente con perros que dejan sus regalos por todo el camino y que hay que cuidarse de no pisar..., mucho sendero que se divide, es un cerro muy transitado, aún con el tiempo malo habrían fácilmente unos veinte autos en la entrada.
Llegamos hasta un peñón rocoso que, de acuerdo a lo informado por Pancho en como la mitad de la subida, ahí nos paramos. No se veía nada hacia abajo, la visibilidad era de unos 10 metros.

Pancho y Eugenio
En ese punto nos encontramos con un abuelo y sus nietos, el abuelo portaba uno de esos bastones de Ugo Ravera, similar al que usa Gabriel, así que estuvimos conversando de este personaje que se ha transformado en el alma del Pochoco.

Después del breve picnic y conversa, empezamos a bajar, a ratos nos mojaron los chubascos y no faltaron los resbalones. En cerro está realmente muy erosionado.

Al llegar cerca de los autos notamos como la neblina había ido cediendo y la visibilidad aumentado.
Volvimos a los autos temprano para los respectivos almuerzos familiares.

Rico paseo, algo mojado pero muy agradable la conversa y la compañía.

(texto y fotos de Eugenio Lagos)

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