lunes, 7 de noviembre de 2016

Buscando la sombra por los la ruta de los Llanos de Javier

Ayer domingo, dudaba de si ir al cerro o no. Había amanecido resfriado y algo congestionado. Y ocurre que me llama la Rebeca, preguntando si iba al cerro, para irse conmigo. Vente para acá, le dije. Con ello los dados estaban tirados: iba.

Soledad, Rebeca y Nancy
Llegamos y había dos mujeres. El sol era fuerte, así que nos movimos más arriba por la vereda, buscando la sombra. Parecía que iba a ser yo solo con tres mujeres. Estaban además la Nancy y la Soledad Tagle.
Pero llega José, en su jeep rojo.

Nancy
Vamos por una ruta con sombra. Y qué mejor que los Llanos de Javier. Íbamos saliendo y me llama Pancho, aun en su casa; se había quedado dormido. Le dije adonde íbamos y que trataría de hacerla lenta, para que nos alcanzara.
Fuimos seis al final de cuentas, tres hombres y tres mujeres.

zona de escalada en roca
Llegamos a la zona de las escaladas en pared de piedra y había ya gente subiendo y otros más allá saliendo de sus carpas, donde habían dormido.
Seguimos adelante y en un punto donde hay una vista de mirador, paramos y llamamos a viva voz a Pancho. Y contestó. Nos venía pisando los talones. Lo esperamos ahí hasta que nos alcanzó.

subiendo, tres mujeres adelante, José atrás
Estuvimos comentando del grupo de los Malayos, con los que Nancy nos ponía el gorro. Un grupo numeroso, más organizado, en que varios tienen radios para la intercomunicación en los cerros. Y siempre va uno adelante y otro atrás, por si alguien capota, para asistirlo.
Ellos serían más pro y nosotros, un grupo más social.

Nancy y José
No estaba en mi mejor día, con esto del resfrío. Mucho jugo salió de mis narices. Pero, si mi hijo Diego, acababa de hacer la vuelta del Llanquihue en bicicleta, que son 168 kms, medio enfermo; cómo yo iba a flaquear aquí ?!
Así que seguí dándole y llegamos a nuestra cumbre, desde donde ya avistamos los Llanos, adonde José seguiría más tarde, después del descanso nutricio.

Rebeca y Soledad
(recorté a Pancho por impresentable)
Nos sentamos a la sombra de unos quillayes y comimos, mandarinas, frutos secos y tomamos agua. Conversamos y sacamos algunas fotos.
Figurábamos en un momento, Pancho la Rebeca y yo, echados de espaldas, casi durmiendo; al menos yo. Estaba exquisito y se me olvidó que tenía que volver temprano a un almuerzo al que estábamos invitados (retos hubieron después).

cactus en flor
José se despidió y siguió adelante, en la dirección de los Llanos.
Nosotros iniciamos nuestro descenso, con el apuro mio, con la Rebeca pisándome los talones, pues iba conmigo en el auto.
Llegamos abajo los primeros y nos fuimos sin esperar a los demás.

foto de los Llanos, enviada por José
Notable fue la pasada por la zona de escaladas, que hervía de gente y no había espacio por donde los que venían llegando pudieran trepar.
Lleno. Mucha mujer escalando, me llamó la atención.
Lugar hermoso. Todo pasando ahí, sombreado, en medio del bosque.

2 comentarios:

  1. Les agrafezco a todos por la compañía en este maravilloso paseo. Quedé feliz!

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  2. Les agrafezco a todos por la compañía en este maravilloso paseo. Quedé feliz!

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